Juicio a los Humanos

El viernes, J y yo fuimos al teatro por primera vez en Madrid y salgo de mi retiro bloguístico forzado (volveré con más y mejores historias, jejeje) para recomendaros  la obra que fuimos a ver, Juicio a los Humanos, basada en la novela del escritor y antropólogo José Antonio Jáuregui. No la he leído pero a juzgar por la representación, debe ser muy buena.

Pero yo he venido aquí a hablaros de la obra, que en serio os recomiendo muchísimo ver si vais a estar por Madrid (aunque ha estado al. Muy divertida y dinámica, en ningún momento decae la atención y, como regalo, hace reflexionar sobre el trato que como especie estamos dando a la fauna.

Juicio a los Humanos

Destaco especialmente el trabajo de las actrices. Es increíble la forma en que cuatro personas consiguen meterse en la piel de tantísimos personajes, todas han sabido captar y transmitir la esencia de cada uno de ellos de forma maravillosa. A lo largo de lo que dura la representación, estas cuatro fieras (chistaco) utilizan cambios de vestuario (me encantó, por cierto) y múltiples disciplinas teatrales para dar cuerpo y vida a juez, fiscal, abogado defensor, alguacil y testigos…

Juicio a los Humanos

¿El acusado? Homo Sapiens ¿Y de qué se le acusa? De crímenes atroces: Calumnias, Malos Tratos, y Genocidio. ¿Son esas acusaciones reales? ¿Será el Ser Humano declarado culpable o inocente? Comprad unas entradas (en atrápalo o en taquilla del teatro Arlequín) para descubrirlo.

 

Podéis investigar un poco más en su twitter o su página de FB, de donde he sacado las imágenes de arriba, por cierto.

No me olvido

No, no me olvido de que tengo este blog. No me olvido de todos los posts pendientes que quiero hacer sobre algunas cosas de #LaVidaEnParaguay que quiero mostraros. No me olvido.

Lo que pasa es que el tiempo se ha volatilizado a una velocidad vertiginosa desde que volvimos. Me caí de lleno en el segundo curso del grado de cerámica artística que empecé el año pasado y cuyas clases comenzaban a mediados de septiembre. Lo de llegar y tener que recuperar un montón de trabajo estaba previsto, pero con los cambios de planes que nos hicieron volver a mediados de diciembre en vez de a mediados de noviembre, acabé reenganchándome después de las vacaciones de Navidad.

¿Traducción? Llevo tres meses a contrarreloj, simultaneando los trabajos en curso con los atrasados para ponerme al día. Casi casi lo he logrado, pero justo cuando estoy equilibrando, empezamos con la vorágine del proyecto final. Un no parar.

Entre las tareas que voy haciendo está un portfolio digital, que a la espera de poner en activo al fin mi propio dominio, tengo alojado en wix.

Es un portfolio de las piezas que he ido realizando estos dos años, aunque no están completo porque no he podido fotografiarlas todas de momento. Os invito a echarle un ojo pinchando en la imagen.

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¡Volveré!

Lo efímero

Estaba echando un vistazo a mi muro de FB cuando me encontré con este artículo cultural. Tras leerlo, fue inevitable pinchar el enlace a la web de Escoitar. Inmediatamente empezó a sonar una grabación en la que se intuía viento entre árboles de fondo y grillos en primer plano. Duraba poco más de tres minutos. Durante esos tres minutos, y mientras leíamos el comunicado que han colgado los miembros de Escoitar, empezamos a ser conscientes de que, al igual que cuando escuchas algo en directo, ese sonido estaba desapareciendo conforme sonaba, y con él el esfuerzo y mimo de las personas que lo grabaron y almacenaron hasta ese justo momento.

Es sencillamente brutal como acción artística, profundamente emotivo que sea la acción de experimentar una obra lo que la haga desaparecer. Ese archivo estaba ahí antes de pinchar el enlace y con nuestra decisión desencadenamos su proceso de destrucción en una especie de canto del cisne.

Esos tres minutos de viento entre los eucaliptos y pinos de un sendero de As Cíes han desaparecido para siempre y ya nadie más los oirá. Habrá otros, está habiendo otros en este mismo momento, pero esos tuvieron la oportunidad de perdurar y ya no existen.

Para poder “volver a” hay que “irse de”

Este jueves, después de 5 meses y 9 días nos volvemos a España.

Dentro de unas horas nos vamos a Asunción, donde pasaremos los últimos dos días en Paraguay y, mientras acabo de hacer las maletas, experimento una montaña rusa emocional. Por una parte, ¡wiiiiiii, volvemos a casa! y por otra ¡nooooo, nos vamos de Encarnación!

Las primeras semanas aquí fueron un poco difíciles para mí. Aunque me autoconvencía de que no, sufrí morriña, no conocía a nadie, Jorge pasaba muchas horas fuera y la falta de internet con el que estar en contacto con el mundo que había dejado atrás no ayudaba a ver la ciudad con buenos ojos.

Encarnación me parecía bonita y agradable pero también aburrida y falta de cosas que me parecían indispensables, como más animación cultural.

Después tuve conexión, poco a poco empecé a sumergirme en la vida cotidiana encarnacena, a disfrutar de las pequeñas cosas, sorpresas y experiencias que un lugar nuevo te ofrece, a ver las posibilidades que tiene la ciudad y, lo más importante de todo, a conocer gente interesante y maravillosa.

Y cuando me quise dar cuenta, faltaban unos pocos días para irnos y empecé a ser consciente de que estaba haciendo algunas cosas por última vez, de que era la última vez que veía a alguna gente, de que, aunque al principio me había resistido, hay un pequeño trocito de mi corazón que se ha hecho paraguayo. Por eso, aunque tengo ganas de volver, me pone muy triste tener que irme.

Los gallegos tenemos dos palabras que aunque a veces se traduzcan igual, no significan lo mismo, son último y derradeiro. Derradeiro es el término más definitivo, todos los derradeiros son úlltimos, pero no todos los últimos son derradeiros, ya que después de derradeiro no hay ninguno más, es el último del último.

Y yo sé, en un pequeño rincón de mi corazón, que aunque este es mi último día en Encarnación no es para nada el derradeiro.

¡Llamad a los bomberos, al ejército, a los cazafantasmas!

Esta mañana viví una experiencia cercana a la muerte… por ASCO, y sin salir de casa, oigan.

Vivir en una casa con jardín tiene el problema de que los bichos no saben de fronteras, ni de propiedad privada ni de allanamientos de morada, así que te los encuentras campando con total alegría por todas partes. Desde que estamos aquí hemos tenido que sacar a geckos de la cocina, el baño e incluso el dormitorio (y eso cuando no han desaparecido sin dejar rastro tras el susto inicial), seguimos sin saber por donde entró la plaga de moscardones que tuvimos a finales de agosto, nos han picado más mosquitos de los que podemos recordar, hormigas gigantes y minúsculas se pasean por todas partes sin control, unos gusanos rarísimos arrastran sus crisálidas móviles por las paredes y tres pájaros no identificados se han empotrado contra los cristales sin que haya que lamentar víctimas. Y no nos olvidemos de las arañas. Cualquier día me encuentro un carpincho en la cocina.

Pero lo de hoy ha pasado de castaño oscuro, lo de hoy ha sido intolerable, hoy he pisado con el pie descalzo una enorme, asquerosa y repugnante cucaracha mientras hacía la cama. Ni siquiera he gritado, el horror sólo me ha permitido soltar un “Pero qué… ¡JODER!” tras levantar el pie a toda velocidad al notar algo extraño e inesperado bajo los dedos y mirar qué era. Y allí en el suelo, patas arriba y haciéndose la muerta, la cucaracha más enorme que he visto en mi vida. Como impulsada por un resorte le he puesto un zapato encima mientras trataba de pensar qué hacer antes de que cundiese el pánico ¡Y MOVIÓ EL ZAPATO! Lo que pasó después fue causado por un subidón de adrenalina, la aplasté hasta que se oyó un “cronch” (y tuve que hacer bastante fuerza), corrí a por servilletas de papel y una bolsa, hice una bola, la tiré a la basura y me subí a una silla.

Y me he pasado el resto del día pensando si estará realmente muerta o no.

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(No he tirado nada a la basura desde entonces)

Y ahora os dejo, tengo que comprobar si en amazon venden lanzallamas y después volver a frotarme el pie con un cepillo y lejía.

Prórroga

Hoy deberíamos haber tomado un avión que nos llevase de vuelta a España, sin embargo escribo esto sentada en una silla en nuestra casita encarnacena.

Ha sido todo muy loco, un día nos encontramos casi de broma barajando la posibilidad de quedarnos unas semanas más, y al siguiente las cosas empezaron a precipitarse, que si la compañía aérea nos cambiaba el plan de vuelo y nos dejaba tirados en el aeropuerto de São Paulo 22 horas en vez de las 3 o 4 iniciales que tendría la escala, que si no daba tiempo a realizar algunas de las actividades previstas antes de irnos… Total, que casi fue una decisión del destino quedarnos aquí.

Así que el viaje se extiende un mes más, espero ser menos perezosa y contaros más cosas de esta aventura paraguaya estos 32 días extra.

Inktober

En 2009 un ilustrador empezó un reto que él llamó “inktober” en el que básicamente se proponía hacer diariamente un dibujo a tinta durante todo el mes de octubre para mejorar su técnica.  Seis años después, miles de dibujantes, amateurs y profesionales, se unen al reto dibujando, subiendo y etiquetando en redes sus creaciones con el hashtag #inktober.

El año pasado octubre me pilló a contrapié empezando el curso en la escuela de cerámica y no me animé, pero este año el día 1 me encontré dibujando un motivo geométrico en una tarjeta sin pensar demasiado en si iba a dibujar cada día cualquier cosa o seguir un tema, lo subí a instagram y no volví a pensar en ello hasta el día siguiente.

Al otro día, viendo que mis útiles de dibujo a tinta se reducían a un boli azul, un rotulador permanente grueso de Faber Castell y un Stabilo fino pensé… ¿y por qué no seguir en esta línea todo el mes y explorar los motivos de repetición geométricos que pueden salir con esto? Además el soporte en el que había dibujado era perfecto para eso, las tarjetas que venían dentro de las fundas de plástico de las acreditaciones que han usado en los talleres de Encarnación + y que no tiré porque ¡papel en perfectas condiciones! (hablando de eso ¿por qué llevan una tarjeta de mentira si saben que la vas a tirar y meter la de tu evento?).

Algún día muy ajetreado reconozco que se me olvidó hacer el dibujo, pero lo recuperé al siguiente sin ningún tipo de pereza porque es un ejercicio muy relajante. Incluso me parece que después de un mes de “terapia” se me va a hacer raro no seguir pensando variaciones y tomándome un ratito para ponerlas sobre papel.

Inktober 2015

(Y además tienen un recuadrito por detrás para poner el número, )

Parece mentira que con tan poquito se puedan conseguir resultados tan variados, aquí os dejo un gif con los 31 modelos que hice para que lo comprobéis, quizá os sirva de inspiración a alguno.

Inktober 2015

(¡Mi primer encuentro con Adobe Premiere!)