El mosquito más molón 

El viernes estuve de visita de estudios en el Instituto de Cerámica y Vidrio del CSIC con motivo de la Semana de la Ciencia y la Tecnología.

Fue una experiencia genial, me gustó ver distintos perfiles de profesionales de la ciencia explicando sus tareas, se les notaba que les gusta lo que hacen.

Justo antes de ir a ver lo que para mí fue la joya de la corona, estuvimos con una científica que nos enseñó los microscopios “normales” que usan, tanto ópticos como electrónicos. ¿Soy la única fan de los microscopios? ¡Me pasaría el día mirándolo TODO a través de ellos! De pequeña uno de mis grandes deseos era tener uno, cuando al fin le regalaron uno a mi hermano fue un poco chasco porque era bastante cutroso. No obstante, la pasión sigue ahí, por eso me gustó mucho su explicación y que nos enseñara un par de cosas a través de ellos.

Pero lo mejor de todo, lo que destaco MUY ESPECIALMENTE de la visita, fue la posibilidad de ver en funcionamiento el microscopio de electrones.

microscopio-de-electrones

Era una cosa parecida a éste de la foto que he sacado de aquí.

Fue muy emocionante ver cómo el científico que nos lo enseñó iba pasando  de la timidez al entusiasmo al ver nuestra reacción ante las cosas que nos contaba.

¿Pero cómo no íbamos a estar entusiasmados?

Imaginaos que os cuentan que el microscopio de electrones, funciona con eso, con electrones que se envían en chorro hacia lo que queremos visualizar, para que arranquen electrones de la muestra, así que el propio aparato genera y lanza ese chorro. IMPRESIONANTE.

Pero que las cosas que quieres ver, necesitan ser conductoras de energía para poder verlas a través del microscopio, ya que lo que se “ve” son diferencias de energía, producidas en ese choque/intercambio de electrones. MÁS IMPRESIONANTE.

Cuando lo que queremos ver no es de una materia conductora, hay que cubrirla de una capa nanométrica de un metal. Y que se suele usar oro o plata por su conductividad eléctrica, tienen los electrones de las capas exteriores con vínculos más débiles, lo que permite que “se suelten” con más facilidad al bombardearlos con el chorro de electrones. IMPRESIONANTE AL CUADRADO.

Y para conseguir esa nanocapa, se golpea el oro con un chorro de plasma que hace que se desprendan nanopartículas que se pegan a la muestra. ¿CÓMO SE OS QUEDA EL CUERPO?

Y como colofón nos iban a mostrar… ¡UN MOSQUITO! Sumemos toda la información anterior… ¡UN MOSQUITO CHAPADO EN ORO!

¡Un mosquito chapado con una capa nanométrica de partículas arrancadas con un chorro de plasma para que un chorro de electrones arranque otros electrones que permiten que veas las facetas de los ojos y los pelitos de las alas!

En serio, si no podéis entender la emoción que sentí, apagad la luz y cerrad la puerta al salir.

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Algo así como esto vimos, los mosquitos están cubiertos de “pelitos” (fuente).

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Hasta el relieve y la estructura de los ojos se puede ver (fuente).

Estuvo tan bien que cuando nos iba a enseñar una moneda de 2 céntimos rascada para poder ver la diferencia en los metales, casi le gritamos al guía que dijo que nuestro tiempo había acabado… ¡aguafiestas!

Y nada, que la ciencia mola y hay que aprovechar más estas oportunidades de poder comprobarlo en directo para no olvidarnos de lo importante que es la financiación a la investigación.

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3 pensamientos en “El mosquito más molón 

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